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CHARLES WORTH… UN ESPIRITU CREADOR

Luis Felipoe de Orleáns “Rey de los Franceses”, reino hasta 1848, cayendo luego de una sangrienta revolución popular. Tres años después se realizó el primer sufragio universal y Luis Napoleón Bonaparte, sobrino del Emperador, fue elegido presidente de la Segunda Republica Francesa.
Lo llamaron despectivamente “Napoleón el pequeño”, pero nadie sabia a ciencia cierta cual era su credo político. Una vez que asumió la presidencia, se valió de hábiles intrigas y consiguió abolir la constitución  de la Segunda Repύblica y que el pueblo francés aprobase otra, en la que se le confería el titulo de Emperador. Así se implanto el Segundo Imperio de Napoleón III y la Emperatriz Eugenia Montijo.

Para evitar que su trono tambaleara, Napoleón III trató de satisfacer a todos. Concedió favores a la antigua y nueva aristocracia, estimuló la construcción de ferrocarriles e impuso elevadas tarifas aduaneras a las importaciones para beneficiar a la nueva industria y a la clase media; e inicio un programa de construcciones que empleaba gran cantidad de mano de obra , por lo cual lo llamaron ‘Emperador de los trabajadores”
Napoleón III embelleció Paris con magníficos edificios, monumentos y teatros, satisfaciendo así los sentimientos del pueblo y su afán por el lujo y la ostentación.

Los modelos de la Emperatriz
Eugenia Montijo se caso con Napoleón III en Enero de 1853. El lujoso ajuar de boda fue encargado a Mme. Palmyre y Mme. Vignon quienes tenían el privilegio de preparar los vestidos de la corte imperial.
Este privilegio fue concedido posteriormente a Charles Frederick Worth, gracias a la influencia de la condesa Metternich.
Worth era de origen ingles, había dejado Londres en 1845 a la edad de veinte años para trabajar en Paris. Sin hablar francés y con solo 17 francos en el bolsillo, comenzó a trabajar en una tienda de accesorios  de moda y luego para Gaguelin en la Rue de Richilieu, en una conocida tienda de telas, chales y enaguas.
Allí conoció a Marie Vernet con quien se casó y se convirtió en su principal fuente de inspiración.

Worth el innovador

Un día Worth tuvo la idea de crear una colección y presentarla a sus clientes, lo cual fue un suceso diferente pues hasta entonces los modistos debían visitar a  su clientela y confeccionar las prendas a pedido. Pero Worth presentó sus propios diseños en maniquís vivos siendo precisamente su esposa su primera modelo.
La palabra maniquí viene del flamenco “maeneken” (hombrecito). En las presentaciones de moda se había usado hasta entonces bustos de terracota que se enviaban vestidos de una ciudad a otra. Pero Worth fue el primero en emplear modelos, quienes además eran un tipo de mujer común y corriente, es decir, como realmente eran las mujeres, y no como hoy se utiliza un tipo de mujer idealizado.

En 1857, Charles Woth en sociedad con Boberg abrió un negocio en el numero 7 de la Ruer de la Paix Gracias a los favores de la Emperatriz Eugenia, Worth se convirtió en una persona de renombre y llego a tener entre sus clientes a la Duquesa Maria de Rusia , a Margarita de Inglaterra, a la Emperatriz Elizabeth de Austria entre muchas otras clientas selectas y aristocráticas.
Charles Worth poseía una gran capacidad creativa; con motivo de la inauguración del canal; de Suez, diseñó para la Emperatriz Eugenia ciento cincuenta vestidos diferentes.

Worth el “couturier”

Los diseños de Worth se caracterizan por su línea fastuosa, aunque aceptando siempre los cambios de la época. Diseñaba vestuarios para toda ocasión y no repetía los modelos.
En 1855 ganó la Medalla de la Exposición Universal con un traje con oro y bordados que caían desde el hombro.
El nombre de Worth se ha convertido en símbolo de “couture” y durante varias décadas vendió cientos de prendas ”selladas” Chez Worth.
Charles Worth hizo todo lo posible por abolir la crinolina. Un día entre sonrisas dijo: la revolución de 1870 no es mucho en comparación a mi revolución: destronaré la crinolina”

La crinolina era una falda que se llevaba debajo del vestido, despegándolo completamente del cuerpo. Esta falda estaba hecha de una tela rígida, fabricada muchas veces con crin de caballo (de allí su nombre) o de otra fibra lo suficientemente tiesa para dar la estructura deseada al vestido; pero era una prenda incomoda que obstaculizaba el movimiento, dificultaba sentarse y era difícil de llevar en los viajes. Por ello Worth utilizo el “polizón”
El polizón era una especie de almohadilla que se llevaba debajo de la cintura hasta la base de los riñones y hacia mas voluminosa la falda.
Lola Gavarro escribe” la mujer de fines del Segundo Imperio lucia como un reloj de arena con dos partes sobresalientes, el pecho y las nalgas”
En 1876 Worth exhibe en la Exposición de Filadelfia, con gran éxito conquistando el corazón de las norteamericanas.
Este “couturier” llego a tener tanta fama que en sus salones de espera se servia paté de foi gras, bocadillos y vino y cuando las damas se probaban algún traje, la luz se esfumaba para que ellas pudieran comprobar como se verían en los salones nocturnos.
Worth murió en 1895 y lo sucedieron sus hijos, quienes abrieron importantes mercados sobre todo el del perfume. Su fama perduro por cuatro generaciones.
Los legados de Worth
Con Worth se inicio la palabra “couturier”, su mérito consiste en haber dictado nuevas líneas, reflejo de su propio temperamento y personalidad. Aunque no desarrollo mucho el corte, lo esencial de su contribución consiste en que el creaba y producía modelos que eran distribuidos y comercializados alrededor del mundo y la presentación de estos modelos marca el inicio de lo que hoy conocemos como “fashion trade’

Sociedad Nacional de Industrias Publicación Mensual del Comité de Fabricantes de Prendas de Vestir
Abril 1991

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